Y fui llegando a la conclusión de que no soy tan fuerte como creías; mi vulnerabilidad en estos momentos es muy importante y tus palabras se transforman en gritos para mis oídos. De todos modos prefiero sentir que tu voz golpea en mis tímpanos, a sentir el vacío que me invade a raíz de tu silencio. No soy la heroína que creíste, aquella que podría derribar lo que en su camino se cruce, la que con su fuerza podría reconstruír los más pesados pero destrozados muros de la vida. No voy a rescatarte porque ésta vez ni puedo salvarme yo. Mi fuerza disminuye y lo trágico es que doy todas las señales y no podés verlas, o no querés.
Dejá de creer que soy invencible, no soy de piedra y deberías notarlo en cada una de las lágrimas que caen por mi rostro gracias a tu maldita indiferencia...

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